Ikea y Nestlé retiran del mercado productos por contener carne de caballo

El pasado mes de enero, las autoridades alimentarias irlandesas hallaron restos de carne de caballo en hamburguesas que se vendían en cinco cadenas de supermercados con presencia en Irlanda y Reino Unido.

La autoridad competente irlandesa comenzó entonces, una investigación para averiguar cómo era que habían llegado a esas hamburguesas de “vaca” restos de carne de caballo. En su momento, llegaron a pensar que seguramente “habría sido un accidente”.

Dentro de la investigación, se señalaron a proveedores de distintos países europeos como los responsables de que se encontrara ADN de equino en las hamburguesas. Para no hacer el cuento largo; la Comisión Europea pidió a los estados miembros que realizaran análisis masivos para tratar de dimensionar la gravedad del asunto y resultó que, además de Irlanda y Reino Unido, se encontraron trazas de carne de caballo en hamburguesas y/o platos preparados en: España, Francia, Suecia , Italia, Holanda (…y contando); señalando como proveedores de esa carne a Rumanía y Luxemburgo. Cuando creían que ya se estaba llegando al fondo del asunto, Ikea encontró trazas de carne de caballo en hotdogs que vendía (y producía) en Rusia y días después; en sus famosas albóndigas que vendía en más de 20 países.

albondi

Otro gigante afectado por esta “fiebre equina” es Nestlé, la mayor compañía de productos alimenticios del mundo, quien tuvo que retirar del mercado (español e italiano) productos al haber encontrado en ellos ADN de caballo.

Bueno, el problema aquí no es la salud (la carne de caballo no la afecta, al contrario); aquí lo relevante es el engaño que, “indirectamente”, cometieron las empresas (que te vendan gato por libre ¡es estafar!)  y esto tiene que quedar muy claro.

Las empresas envueltas en este escándalo se verán en la necesidad de aclarar que el engaño no fue intencionado (eso espero) y tendrán que centrarse en recuperar la confianza de los que comprábamos sus productos.

Para Nestlé no será la primera vez que tenga que seguir el protocolo: disculpa-reivindicación para “borrar” de nuestra mente situaciones “embarazosas”. Le pasó en 2005 con leche para bebés en mal estado; cuando salió a la luz los abusos cometidos en África en las plantaciones de cacao; o cuando Greenpeace hizo una campaña contra Nestlé para dar a conocer el daño que la multinacional hacía a los bosques (principalmente en Indonesia) para obtener el aceite de palma necesario para la fabricación del Kit Kat.

Para el caso de la carne de caballo, Nestlé ha comenzado sus acciones de comunicación enviando, a toda su base de consumidores, un correo electrónico tratando de explicar qué fue lo que sucedió con lo encontrado en sus productos y además detalla qué productos son los que están contaminados (y han sido retirados) y cuáles no (somos tan paranóicos que seguro muchos han de dejado de comprar todo lo que lleve carne).

No se sabe qué otras acciones tomará Nestlé pero, por su historia sabemos que no es la primera vez que se encuentra en una situación como esta (digamos que tiene “algo de experiencia”) y desgraciadamente, es el gigante de la alimentación (nos vende de todo y muchas veces ni sabemos qué marcas son propiedad de Nestlé) así que, lo más seguro, es que terminaremos por “olvidar” este incidente y volvamos a consumir alegremente su pizzas, empanadas y lasañas. ¡Bon appetit!

O.

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